Sunday, February 25, 2007

..:: va una respuesta ::..

Escribo por puro gozo, por amor propio diría yo y porque me gusta lo que descubro a través de las letras. También porque hay mucho ruido y mi voz se diluye entre la gente.

Usualmente desaparezco: me transformo en un par de ojos prendidos del aire que recorren las calles. Pasan los días y continúo siendo invisible. Mi gusto por observar es enfermizo y morboso. Hasta podría decir que me produce placer -como arrancarse las costras.

Las hordas y la fauna en las ciudades se devoran a sí mismas y tan tranquilos. Van desapareciendo mundos con las horas y ni una nota en la televisión. He experimentado el cambio de ciudad entre otras cosas y nada. No desaparece mi mal, ni existen otras circunstancias.

Escribo de noche porque sólo a estas horas alcanzo a distinguir mis susurros tratando de fugarse a través de mis dedos. ¡Ja! También soy perversa: los prendo de estas páginas.

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Tuesday, February 20, 2007

.. un par de huellas ..

Hace ocho días que cumplí treinta y dos años. Ayer fue un día lluvioso. No encontré Café Veracruz Ligero en ninguna parte. Mi mamá me ofreció uno de bolsita que conservaba en la alacena para “un día especial”. Ayer sólo llovió y yo buscaba un café distinto. 

Hoy hay lodo por todas partes. Salí a la calle vestida de blanco, decidí caminar ligera. Me observaron los espejos y los cristales, alcanzaron por un instante mi figura alada. Me vi de reojo. Sonreí: soy yo, sigo viva.

Camino ligera. Voy iluminada por los rayos del sol del Pitic, no siento el frió. Volteo. Mis huellas vienen tras de mi. Un par de huellas hechas de agua. Son sólo mías. Ningunas otras. Sonrío.

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Saturday, February 10, 2007

..:: Por si te sirve ::..

Ayer estuve platicando con una persona de quien aprendí mucho, alguien a quien solía escuchar con cariño y hasta podría decir que con admiración por su insaciable deseo de compartirlo todo porque sí. Cuando le pregunté sobre el origen de la certeza de sus palabras y por su nuevo tono de gente seria me respondió: “No lo sé y no sé nada. Nomás lo digo por si te sirve”. Levantó un hombro y se quedó viendo las nalgas de una morrita que salió del baño, como si no le importara lo que yo hiciera con sus ideas, ni lo que me hacían sentir. Y como siempre me quedé pensando.

No era la misma con quien había compartido los amaneceres de otros días -esos fantásticos segundos cuando los rayos del sol coronaban las últimas frases de la noche. Con la mirada traté de descubrir su rostro en busca de un indicio para convencerme de que sí era aquella. Pero, sus facciones se habían endurecido, su mirada se había vuelto fría y de sus mejillas chapeteadas no quedaba mucho. No había huella de esas otras palabras que me esperanzaban, que me ayudaron a conocerme y a desear ser la hacedora de todas las cosas que ahora emprendo y disfruto.

“Por puro gozo”, le contesté cuando quiso saber por qué escribo y luego cruzó los brazos. Le pude haber dado otras razones, pero mis respuestas topaban con los muros altos que hoy la circundan. Preferí el silencio. Dije demasiado. Continuó haciéndome preguntas para elaborar su diagnóstico de especialista en nada. Así estuvo un rato articulando sonidos que inundaban la mesa y que me rodeaban sin penetrarme o acariciarme siquiera. El único mensaje que pude descifrar fue: no te acerques.

Le fui dando pequeños tragos a mi taza de café hasta vaciarla y comencé a preocuparme por el reloj cuando me convencí de que aquella luz se había extinguido. What a waiste of time!, pensé cuando nos alejamos. Y atravesé la avenida.

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