Sunday, December 30, 2007

El encuentro

Roberto: ¿Qué haces cuando encuentras a Cassiel? Hoy estuvo sentado frente a mi y recordé que ya nos conocíamos. No me preguntes, porque sabes que olvido las fechas. Desayunamos café y pan tostado con crema de cacahuate. Tiene los ojos a punto de quebrarse como los míos y la armadura lustrada, pero con abolladuras. Se esconde en una fábrica de cucharas y tenedores, donde enaceita las máquinas de fundido. No quiso ser abrupto, pero cuando me llamó por mi antiguo  nombre sentí miedo y la agitación de algo que estaba perdido en mi memoria: mis alas.

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Friday, December 28, 2007

El mar

Me enseñaron a nadar cuando tenía seis años. Los veranos eran frente al mar con el sol dorado. Pronto descubrí que sus aguas eran mías.
 
Las primeras olas fueron suaves caricias humedades: mi piel nueva. Era la arena comiéndose los dedos de mis pies.
 
Cada verano él era más hondo y yo más grande. Aprendí a lanzarme a través de olas gigantes: fui un delfín.
 
Su oleaje se tornó violento con los años, me tragaba y luego me escupía en la orilla. Insistí hasta sumergirme en sus abismos.
 
Mi transformación en agua tuvo su inicio en mis ojos. Ahora soy el peso de una ola arrastrando el cuerpo de una niña hacia la profundidad.

  

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sin título

 

De ausencia

 
¿Puede uno enfermarse de ausencia?, ¿regresar?. 

Regresar… Pensé que había vuelto, tal vez ése fue el problema.
 
Dice mi madre que los que se van no regresan, que otros son los que llegan ocupando sus cuerpos, porque mundos nuevos se instalan en sus ojos y eso provoca un cambio en las sustancias que lo hacer ser a uno. Ella lo vio muchas veces en su pueblo cuando era niña: algo era distinto en los hombres que se iban al norte: los extrañaron siempre, como a su padre. ¿Será que uno va quedándose en sus pasos?, ¿qué nuestro pedazo de vida se transforma con el tiempo, sobre todo cuando se aleja del lugar donde le enterraron el ombligo?. Algo cambió en mí durante ese largo viaje por el desierto. El desierto…
 
La principal ausencia ha sido la mía. No sé dónde he estado y soy incapaz de comprender qué sucedió con mi tiempo. Desperté de golpe: caí en seco desde el cielo al lado de una fuente donde Ell me esperaba. Cuando abrí los ojos vi con horror que mi caída provocó su muerte. Después me enteré que tenía los brazos abiertos e intentaba atraparme, pero mi cuerpo cayó con tanta fuerza… Alcancé a contemplar su tristeza y he estado como muerta desde ese día, ahora son mis brazos los que aprietan el vacío.
 
¿Puede uno aliviarse de ausencia? No lo sé, todavía. Empezaré por decirle a Miriam que cambió, sólo eso, y que Ell murió porque la amaba. Tendré que aceptarlo y despedirme sin más remedio. Después procuraré el silencio y atenderé al sonido de mis palpitaciones para descubrir qué dice, qué quiere y cómo va a vivir en libertad mi corazón. (Libertad… ¿qué podré construir contigo?) La ausencia duele, pero mi padrino dice que nadie muere en la víspera, que recuerde quien soy y así encontraré el remedio.
 
 
 
 

Récord
 
No puedo estar por mucho tiempo en el mismo sitio, ni esperar demasiado. Mucho tiempo es la medida que indica el momento de empezar a hacer otra cosa porque ya no aprenderé nada más o porque las cosas han dejado de latir: me cansan. Mi récord son seis años en el mismo trabajo. 


 
 

Hombre dormido
 
Te escribo desde el baño, para ser precisa, desde la taza, donde finalmente me liberé de esta mierda. Ahora gozo el placer de mi recto vacío. Vine a dar aquí tras un dolor abdominal y una contracción en el área baja de las nalgas que sentí justo cuando caminaba en este sitio, donde nos perdimos una noche gracias al silencio, la distancia y por fin la ausencia. Recordé el cansancio que me provocó verte colgado en una sonrisa que no formaba parte de mi boca. Siempre te pienso en color magenta, en imágenes con muy poca luz y en el humo del cigarro, y a veces cuando veo cosas muertas o sangre, lágrimas que se niegan a escurrir, manzanas con hoyos de gusanos, pienso tu nombre. 
 
 
 

Sangro, como llamándote bestia

 
Aquí, del lado izquierdo, desde hace meses, duele. Dicen que es una herida breve, que sanará, que pasará como todo lo demás; que tú, el peor de todos, que nada es cierto tratándose de ti. Sólo sé que no dejo de sangrar, que el verano estuvo lleno de luz y terminó oscurecido por la muerte: dolió, algo perdí, y estuve sola de nuevo con esa enfermera repitiendo que me aleje de los monstruos que pisan los pies de las mujeres.
 
 

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Monday, December 24, 2007

mencanta la navidad

abrazos, muchos

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pop !!!

just like that
hot & simple


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Thursday, December 13, 2007

hoy en el mofo

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Wednesday, December 12, 2007

Mi casa

Mi casa es hermosa aún vacía, pero ahora tiene un eco. Si pregunto en voz alta: ¿dónde están mis cosas?, responde: ¿dónde están mis cosas?; cuando digo: ¿dónde estás?, me contesta: ¿dónde estás?. La he visto jugar con la luz que entra por las ventanas y hacer con ella un caminito que recorre las habitaciones, también la deja bajar por la escalera y con la que pasa por el tragaluz dibuja una sombra nueva cada minuto. Antes de irme su polvo se sube a mis zapatos, comprendo que tampoco quiere quedarse solo. Parece decir: aquí, acumulándome, formaré una montaña de recuerdos.

 

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Monday, December 10, 2007

saltar muros

El límite es mi cuerpo,

éste que se cansa y se marchita,

                                    inevitable.

Desear es transgredir,

no más culpas.

Abrazo lo prohibido,

aplaudo los sueños.


 
Una voz que no me deja dormir

se hace de rostro,

tiene mis ojos y le da forma

a las huellas de mis pies en la tierra.

 

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Sunday, December 9, 2007

Defiende Juan Gelman la poesía

“La palabra nunca deja libre a quién quiera apresarla, la palabra es el timón del universo”, dijo el escritor.


Guadalajara.
El poeta argentino Juan Gelman hizo en México una defensa de la poesía, lo que representa su primera aparición pública desde que ganó el Premio Miguel Cervantes 2007 a finales de noviembre.

“La poesía es una resistencia contra el tiempo mezquino. Cualquier poeta de América Latina tiene más belleza e imaginación que cualquier régimen que encabece (el Bush, (el ex mandatario del mismo país), Ronald Reagan, o Stalin (líder de facto de la Unión Soviética de 1920 a 1953)”, expuso el poeta.

En la cátedra Julio Cortazar, titulada ¿Poetas? ¿Poetas para qué?, Gelman dijo que “pensar que cualquier régimen puede acotar a un poeta es atribuirle a ése poder más del que tiene en realidad”.

Auto exiliado de Argentina en 1976 y asentado en México desde entonces, el poeta recordó que derivado de sus posiciones ideológicas, la dictadura argentina le quitó parte de su familia.

“La palabra nunca deja libre a quién quiera apresarla, la palabra es el timón del universo”, añadió.

Para rematar su disertación sobre la utilidad de la poesía y de los poetas, Gelman dijo “que tal vez lo que un poeta desea, es escribir un poema, uno sólo, que sea pariente de Dios”.

“Un poema es una paloma que nace de los ojos de un niño porque el la quiso ver”, concluyó.

Publicado en La Jornada, sábado 8 de diciembre de 2007.

 
Juan Gelman (Buenos Aires, 1930).


Hechos


mientras el dictador o burócrata de turno hablaba
en defensa del desorden constituido del régimen
él tomó un endecasílabo o verso nacido del encuentro
entre una piedra y un fulgor de otoño

afuera seguía la lucha de clases/el
capitalismo brutal/el duro trabajo/la estupidez/
la represión/la muerte/las sirenas policiales cortando
la noche/él tomó el endecasílabo y

con mano hábil lo abrió en dos cargando
de un lado más belleza y más
belleza del otro/cerró el endecasílabo/puso
el dedo en la palabra inicial/apretó

la palabra inicial apuntando al dictador o burócrata
salió el endecasílabo/siguió el discurso/siguió
la lucha de clases/el
capitalismo brutal/el duro trabajo/la estupidez/la represión/
[la muerte/las sirenas policiales cortando la noche

este hecho explica que ningún endecasílabo derribó hasta
[ahora
a ningún dictador o burócrata aunque
sea un pequeño dictador o un pequeño burócrata/y también
[explica que
un verso puede nacer del encuentro entre una piedra y un fulgor
[de otoño o

del encuentro entre la lluvia y un barco y de
otros encuentros que nadie sabría predecir/o sea
los nacimientos/ casamientos/ los
disparos de la belleza incesante


Lo que pasa


Yo te entregué mi sangre, mis sonidos,
mis manos, mi cabeza,
y lo que es más, mi soledad, la gran señora,
como un día de mayo dulcísimo de otoño,
y lo que es más aún, todo mi olvido
para que lo deshagas y dures en la noche,
en la tormenta, en la desgracia,
y más aún, te di mi muerte,
veré subir tu rostro entre el oleaje de las sombras,
y aún no puedo abarcarte, sigues creciendo
como un fuego,
y me destruyes, me construyes, eres oscura como la luz.

En la  fecha


Solo de ti, lleno de ti,
esta tarde a las 7,
el ciudadano de tu ausencia
se palpaba la cara, la voz, los papelitos,
deveras comprobando
que tus ruidos andaban por sus huesos
y en general te habías ido.

Golpeó puertas, teléfonos.
La gran ciudad estaba equivocada sin tu pelo, señora,
y él sentía tirones detrás del corazón.

A lo mejor era el tabaco,
de todos modos yo soy otro:
un pedazo de ti,
alguien a quien castigan puertas, ruidos, teléfonos,
y, andá a saber por qué,
toda la parentela de la muerte.

Una mujer y un hombre


Una mujer y un hombre llevados por la vida,
una mujer y un hombre cara a cara
habitan en la noche, desbordan por sus manos,
se oyen subir libres por la sombra,
sus cabezas descansan en una bella infancia
que ellos crearon juntos, plena de sol, de luz,
una mujer y un hombre atados por sus labios
llenan la noche lenta con toda su memoria,
una mujer y un hombre más bellos en el otro
ocupan su lugar en la tierra.

 

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Saturday, December 8, 2007

Caperucita roja

Charles Perrault (1628-1703)


“Caperucita roja”, grabado de Gustavo Doré (1832-1883)

Había una vez una niñita en un pueblo, la más bonita que jamás se hubiera visto; su madre estaba enloquecida con ella y su abuela mucho más todavía. Esta buena mujer le había mandado hacer una caperucita roja y le sentaba tanto que todos la llamaban Caperucita Roja.

Un día su madre, habiendo cocinado unas tortas, le dijo.

-Anda a ver cómo está tu abuela, pues me dicen que ha estado enferma; llévale una torta y este tarrito de mantequilla.

Caperucita Roja partió en seguida a ver a su abuela que vivía en otro pueblo. Al pasar por un bosque, se encontró con el compadre lobo, que tuvo muchas ganas de comérsela, pero no se atrevió porque unos leñadores andaban por ahí cerca. Él le preguntó a dónde iba. La pobre niña, que no sabía que era peligroso detenerse a hablar con un lobo, le dijo:

-Voy a ver a mi abuela, y le llevo una torta y un tarrito de mantequilla que mi madre le envía.

-¿Vive muy lejos? -le dijo el lobo.

-¡Oh, sí! -dijo Caperucita Roja-, más allá del molino que se ve allá lejos, en la primera casita del pueblo.

-Pues bien -dijo el lobo-, yo también quiero ir a verla; yo iré por este camino, y tú por aquél, y veremos quién llega primero.

El lobo partió corriendo a toda velocidad por el camino que era más corto y la niña se fue por el más largo entreteniéndose en coger avellanas, en correr tras las mariposas y en hacer ramos con las florecillas que encontraba. Poco tardó el lobo en llegar a casa de la abuela; golpea: Toc, toc.

-¿Quién es?

-Es su nieta, Caperucita Roja -dijo el lobo, disfrazando la voz-, le traigo una torta y un tarrito de mantequilla que mi madre le envía.

La cándida abuela, que estaba en cama porque no se sentía bien, le gritó:

-Tira la aldaba y el cerrojo caerá.

El lobo tiró la aldaba, y la puerta se abrió. Se abalanzó sobre la buena mujer y la devoró en un santiamén, pues hacía más de tres días que no comía. En seguida cerró la puerta y fue a acostarse en el lecho de la abuela, esperando a Caperucita Roja quien, un rato después, llegó a golpear la puerta: Toc, toc.

-¿Quién es?

Caperucita Roja, al oír la ronca voz del lobo, primero se asustó, pero creyendo que su abuela estaba resfriada, contestó:

-Es su nieta, Caperucita Roja, le traigo una torta y un tarrito de mantequilla que mi madre le envía.

El lobo le gritó, suavizando un poco la voz:

-Tira la aldaba y el cerrojo caerá.

Caperucita Roja tiró la aldaba y la puerta se abrió. Viéndola entrar, el lobo le dijo, mientras se escondía en la cama bajo la frazada:

-Deja la torta y el tarrito de mantequilla en la repisa y ven a acostarte conmigo.

Caperucita Roja se desviste y se mete a la cama y quedó muy asombrada al ver la forma de su abuela en camisa de dormir. Ella le dijo:

-Abuela, ¡qué brazos tan grandes tienes!

-Es para abrazarte mejor, hija mía.

-Abuela, ¡qué piernas tan grandes tiene!

-Es para correr mejor, hija mía.

Abuela, ¡qué orejas tan grandes tiene!

-Es para oírte mejor, hija mía.

-Abuela, ¡qué ojos tan grandes tiene!

-Es para verte mejor, hija mía.

-Abuela, ¡qué dientes tan grandes tiene!

-¡Para comerte mejor!

Y diciendo estas palabras, este lobo malo se abalanzó sobre Caperucita Roja y se la comió.

Moraleja

Aquí vemos que la adolescencia,
en especial las señoritas,
bien hechas, amables y bonitas
no deben a cualquiera oír con complacencia,
y no resulta causa de extrañeza
ver que muchas del lobo son la presa.
Y digo el lobo, pues bajo su envoltura
no todos son de igual calaña:
Los hay con no poca maña,
silenciosos, sin odio ni amargura,
que en secreto, pacientes, con dulzura
van a la siga de las damiselas
hasta las casas y en las callejuelas;
más, bien sabemos que los zalameros
entre todos los lobos ¡ay! son los más fieros.


Cuentos de Charles Perrault
tomado de 
aquí

Posted by Miriam García at 08:16:53 | Permalink | No Comments »