Esta noche se entrega al silencio. Escucha y calla. No distingue el tono, no sigue el ritmo, no entiende. Demasiado ruido, mensajes distorsionados. Nada explica. (Aquí todo es basura cuando hablamos de nosotros, del futuro). Ella se cansa. Se forma a partir de la
r u p t u r a
El amor se gasta. A esta hora no tiene sentido. Lo envió por correo en pequeñas cajas a domicilios equivocados. Ella está cerrada. Pone candados (donde antes flores). Abre otra puerta. Camina sobre el puente tendido frente a sus pies. Busca otra orilla.
Encuentra una voz propia. Agitada. Las preguntas son la descarga de un puño en la nariz. Escribe sobre lo que está fuera de. Las cosas importantes. Está cansada pero…
Apuesta a lo imposible desde que recuerda. Desconfía de los trazos sobre el papel, de quienes planean ciudades dentro de una oficina en el tercer piso [aun cuando sus ventanas sean demasiado grandes]. Ella piensa. Otra Realidad se teje en la calle, en la ciudad y sus murmullos, en los rostros, en la tierra. Voltea. Un Caracol la persigue. Observa su constancia y su velocidad, su rastro humedecido; las hojas que desaparecen a su paso. Se pregunta si tendrá tiempo suficiente para…
Ella duda. [¿Alguien más?] Espera algo. No teme a las cosas que se rompen. Tiene cicatrices en los dedos, en las cejas, en el vientre, en la espalda, en el pezón izquierdo, en las rodillas.
[La ruptura asoma un nuevo inicio; el final de la ruta hacia este punto.]