Thursday, June 26, 2008

 

Yo soy de los que mueren solos, de los que mueren
de algo peor que vergüenza.
Yo muero de mirarte y no entender.


Rosario Castellanos

Con estas palabras Esmeralda inició nuestra conversación. Ayer en la noche, muy muy
noche, logramos reunirnos Esme, Abril y yo en el Samborn’s de “las cucas”. Así le llamamos
al primer Samborn’s de la Plaza Río.


Hace días descubrimos que “todos los días sucede ALGO” que llega a revolcar nuestras
emociones. A veces damos tregua a la batalla diaria contra el recuerdo. A veces nos
ocupamos del presente y de aquello que traspasa los límites de nuestro cuerpo, como
ayer que amarramos un par de proyectos y hablamos del futuro de las mujeres de 30,
32 y 33 años. Hay cosas que no decimos pero que quedan sobre la mesa.


“Soy de otra orilla”, Rosario Castellanos, le contesté a Esme. Sí, estas líneas
me encantaron, dijo. Sé que desde que leí este poema, Agonía fuera del muro,
soy de otra orilla. Soy de otra orilla y me reí. Este fue mi primer acercamiento con
el feminismo, contesté. Abril se me quedó viendo fijamente por un instante. De ese
acto no se derivó palabra alguna. Los actos silenciosos de Abril de vez en cuando
tienen como consecuencia dejar pensando a la Miriam. Esta vez me detuve en mi
feminismo de mediados del siglo XX. De inmediato me acordé que Gaby Torres me
recomendó leer un libro sobre King Kong (The King Kong Theory), de los blogs de
Eve Gil y de la Lore Mancilla.


Pienso:

. Sí, reconozco que la desigualdad entre hombres y mujeres continúa siendo un
reto. Me ocupa.

. Que los ismos no me interesan. Trabajo y confío en la congruencia entre la palabra
y la vida cotidiana. Bien difícil.

. Definitivamente debo seguir leyendo.

. Me sigue gustando Rosario Castellanos.

[ Interrupción. Continúo con mi diálogo interno en lo que llego a mi casa. Hago una
pausa para estacionarme y sigo escribiendo en el carro. No, en el carro no funcionó.
Me bajé en el Samborn's de La Revu. Tenía que escribirlo antes de que se me
olvidara como siempre. ]

Hoy en el taller del Yepez analizamos el asunto del ego en los escritores y las barreras
que éste construye a través de los años (fue muy divertido por cierto). Desde ahí
brincaron dos temas: el género y el feminismo en la escritura: el silencio en las mujeres
como problema histórico y su impacto en la literatura, en la filosofía… en el mundo.
Nos sugirió un par de obras: The novel of the future, de Anaïs Nin y La confesión,
de María Zambrano.
 

Siempre hay alguien que te recomienda leer algo. Las morras también me dijeron (un día
una, otro día otra y así) que tenía que leer a Alejandra Pizarnik. La Charla siempre me
sugirió leer una larga lista de autoras. Así que todas tenemos nuestras autoridades. Yo,
que entre mis aptitudes destaco la de leer blogs, últimamente leo a Sylvia Aguilar, a
Margarita Valencia, a Josefa Isabel Rojas Molina, a Abril Castro, a Paloma González
y varias más. Aprendo y descubro formas de sobrevivencia.


Hace tiempo que sólo leo aquello que me resulta necesario. Lo necesario es lo que me
sirve para resolver(me), para buscar respuestas. Diría un compita que son demasiadas
mis preguntas. Yo siempre me pregunto ALGO. Varios años atrás decidí dejar de leer
para estar a la moda porque la vida es muy corta y mis preguntas urgentes: leo textos
donde me reconozco y crezco. Decidí seguir mi propia ruta. En “mis veintes” había que
leer a Fadanelli y al Rafa Saavedra, así, al mismo tiempo. Pensaba que seguramente yo
vivía en otro planeta, en él nunca me alcanzó el tiempo para leerlos.

Dos años atrás compré mis primeros números de Moho en una especial que hubo en la
librería Educal del Cecut y al Rafa lo empecé a leer cuando volví a Tijuana, lo conocí
y le tomé cariño.  Pa que mentir. En aquel entonces mis preguntas me llevaron por
otro rumbo: Foucault, Gilberto Giménez, Zizeck, Vania Salles, Martha Lamas, Reguillo,
Todorov, Ginzburg… No en este orden, pero mis pasos recorrían otro universo.


Ahora estoy en un viaje distinto, atravieso calzadas llenas de emociones y mundos
fantásticos, en ellas descubro formas de vivir y ser diversas. Y sí, como dijo Gaby
en Hermosillo, no puedo dejar de leer como historiadora: en cada discurso reconozco
impresiones del tiempo, marcas del espacio y, desde luego, la experiencia vivida
diferenciada entre mujeres y hombres. Deseo comprender las huellas de nuestro paso
por el mundo. Nuestro instinto (asesino) de sobrevivencia.

Leo, pregunto y leo. Pregunto y leo.

o b s e r v o .  e s c u c h o .  tomo poder de mi invisibilidad.

Aquí les dejo algunos textos:

ROSARIO CASTELLANOS (1925-1974)

Agonía fuera del muro
       

Miro las herramientas,
el mundo que los hombres hacen, donde se afanan,
sudan, paren, cohabitan.

El cuerpo de los hombres prensado por los días,
su noche de ronquido y de zarpazo
y las encrucijadas en que se reconocen.

Hay ceguera y el hambre los alumbra
y la necesidad, más dura que metales.

Sin orgullo (¿qué es el orgullo? ¿Una vértebra
que todavía la especie no produce?)
los hombres roban, mienten,
como animal de presa olfatean, devoran
y disputan a otro la carroña.

Y cuando bailan, cuando se deslizan
o cuando burlan una ley o cuando
se envilecen, sonríen,
entornan levemente los párpados, contemplan
el vacío que se abre en sus entrañas
y se entregan a un éxtasis vegetal, inhumano.

Yo soy de alguna orilla, de otra parte,
soy de los que no saben ni arrebatar ni dar,
gente a quien compartir es imposible.

No te acerques a mi, hombre que haces el mundo,
déjame, no es preciso que me mates.
Yo soy de los que mueren solos, de los que mueren
de algo peor que vergüenza.
Yo muero de mirarte y no entender.

Falsa Elegía

Compartimos sólo un desastre lento
me veo morir en ti, en otro, en todo
y todavía bostezo o me distraigo
como ante el espectáculo aburrido.

Se destejen los días,
las noches se consumen antes de darnos cuenta;

así nos acabamos.

Nada es. Nada está.
Entre el alzarse y el caer del párpado.

Pero si alguno va a nacer (su anuncio,
la posibilidad de su inminencia
y su peso de sílaba en el aire),
trastorna lo existente,
puede más que lo real
y desaloja el cuerpo de los vivos.

Revelación

Lo supe de repente:
hay otro.
Y desde entonces duermo solo a medias
y ya casi no como.

No es posible vivir
con ese rostro
que es el mío verdadero
y que aún no conozco.

Amanecer

¿Qué se hace a la hora de morir? ¿Se vuelve
la cara a la pared?
¿Se agarra por los hombros al que está cerca y oye?
¿Se echa uno a correr, como el que tiene
las ropas incendiadas, para alcanzar el fin?

¿Cuál es el rito de esta ceremonia?
¿Quién vela la agonía? ¿Quién estira la sábana?
¿Quién aparta el espejo sin empañar?

Porque a esta hora ya no hay madre y deudos.

Ya no hay sollozo. Nada más que un silencio atroz.

Todos son una faz atenta, incrédula
del hombre de la otra orilla.

Porque lo que sucede no es verdad.

ALEJANDRA PIZARNIK (1936-1972)

Sólo un nombre

alejandra alejandra

  debajo estoy yo

      alejandra

         

Tiempo


                     a Olga Orozco

Yo no sé de la infancia

más que un miedo luminoso

y una mano que me arrastra

a mi otra orilla.

Mi infancia y su perfume

a pájaro acariciado.

La Carencia

Yo no sé de pájaros,

no conozco la historia del fuego.

Pero creo que mi soledad debería tener alas.

Piedra fundamental

   No puedo hablar con mi voz sino con mis voces.

    Sus ojos eran la entrada del templo, para mí, que soy errante, que amo y muero. Y hubiese cantado hasta hacerme una con la noche, hasta deshacerme desnuda en la entrada del tiempo.

    Un canto que atravieso como un túnel.

    Presencias inquietantes,

gestos de figuras que se aparecen vivientes por obra de un lenguaje que las alude,

signos que insinúan terrores insolubles.

Una vibración de los cimientos, un trepidar de los fundamentos, drenan y barrenan,

y he sabido dónde se aposenta aquel tan otro que es yo, que espera que me calle para tomar posesión de mí y drenar y barrenar los cimientos, los fundamentos,

aquello me es adverso desde mí, conspira, toma posesión de mi terreno baldío,

no,

he de hacer algo,

no,

no he de hacer nada,

algo en mí no se abandona a la cascada de cenizas que me arrasa dentro de mí con ella que es yo, conmigo que soy ella y que soy yo, indeciblemente distinta de ella.

    En el silencio mismo (no en el mismo silencio) tragar noche, una noche inmensa inmersa en el sigilo de los pasos perdidos.

    No puedo hablar para nada decir. Por eso nos perdemos, yo y el poema, en la tentativa inútil de transcribir relaciones ardientes.

    ¿A dónde la conduce esta escritura? A lo negro, a lo estéril, a lo fragmentado,

    las muñecas desventradas por mis antiguas manos de muñeca, la desilusión al encontrar pura estopa (pura estepa tu memoria): el padre, que tuvo que ser Tiresias, flota en el río. Pero tú, ¿por qué te dejaste asesinar escuchando cuentos de álamos nevados?

    Yo quería que mis dedos de muñeca penetraran en las teclas. Yo no quería rozar, como una araña, el teclado. Yo quería entrar en el teclado para entrar adentro de la música para tener una patria.             Pero la música se movía, se apresuraba. Sólo cuando un refrán reincidía, alentaba en mí la esperanza de que se abasteciera algo parecido a una estación de trenes, quiero decir: un punto de partida firme y seguro; un lugar desde el cual partir, desde el lugar, hacia el lugar, en unión y fusión con el lugar. Pero el refrán era demasiado breve, de modo que yo no podía fundar una estación pues no contaba más que con un tren salido de los rieles que se contorsionaba y se distorsionaba. Entonces abandoné la música y sus traiciones porque la música estaba más arriba o más abajo, pero no en el centro, en el lugar de la fusión y del encuentro. (Tú que fuiste mi única patria ¿en dónde buscarte? Tal vez en este poema que voy escribiendo.)

    Una noche en el circo recobré un lenguaje perdido en el momento que los jinetes con antorchas en la mano galopaban en ronda feroz sobre corceles negros. Ni en mis sueños de dicha existirá un coro de ángeles que suministre algo semejante a los sonidos calientes para mi corazón de los cascos contra las arenas.

    (Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.)

    (Es un hombre o una piedra o un árbol el que va a comenzar el canto…)

    Y era un estremecimiento suavemente trepidante (lo digo para aleccionar a la que extravió en mí su musicalidad y trepida con más disonancia que un caballo azuzado por una antorcha en las arenas de un país extranjero).

    Estaba abrazada al suelo, diciendo un nombre. Creí que me había muerto y que la muerte era decir un nombre sin cesar.

    No es esto, tal vez, lo que quiero decir. Este decir y decirse no es grato. No puedo hablar con mi voz sino con mis voces. También este poema es posible que sea una trampa, un escenario más.

    Cuando el barco alternó su ritmo y vaciló en el agua violenta, me erguí como la amazona que domina solamente con sus ojos azules al caballo que se encabrita (¿o fue con sus ojos azules?). El agua verde en mi cara, he de beber de ti hasta que la noche se abra. Nadie puede salvarme pues soy invisible aún para mí que me llamo con tu voz. ¿En dónde estoy? Estoy en un jardín.

    Hay un jardín.

[Fondo musical para bailar: Rubén Blades y Los Jubilados]

Posted by Miriam García at 18:27:29 | Permalink | Comments (3)

Monday, June 23, 2008

“…pienso que en realidad sucede que es en la infancia –o en el final de ella–
cuando el escritor llega a la literatura, cuando es tocado por ella.
Cuando la palabra y su falsa salida.”

Abril Castro
en la presentación del libro
Perros de agua
(Liliana Blum y Sara Uribe, coords.)

más en palabras hiladas sin sentido

Posted by Miriam García at 21:25:24 | Permalink | Comments (1) »

Thursday, June 12, 2008

Horas de Junio

Aquí van unos textos de mis escritores favoritos del encuentro, en algunos casos leyeron textos distintos a los que incluí o no leyeron pero, insisto, son mis escritores favoritos de las Horas de Junio. Faltan John Plueker (un güerito de Houston que me robó el corazón), Norma Alarcón, Roberto Castillo, Alfonso García Cortéz y mi cómplice Esmeralda Ceballos, de quienes no tengo textos. Gracias a las Horas de Junio por la invitación y el hospedaje.

Aeropuerto.
Lunes 9 de junio.
12:46 pm.
Esme: ¿No sientes que una parte de ti se queda en Hermosillo?
Miriam: …

Abril Castro (Baja California)

La arena        corte delgado y preciso         dice:

Hay una mujer inacabada que va como si la vida fuese

y digo mar cuando la orilla es el camino

TRUNCO

La humedad es aire           que sostiene

este árbol ventana rota

             vaho

y digo

mar con tres vocales

dentro

siempre los filos

El angelito

Josefa Isabel Rojas (Sonora)


Llegó lentamente al baño, con esa manera lenta con la que sólo al baño y no a otro lugar, puede llegarse.

Con movimientos rápidos y suaves se quitó la ropa y miró angustiado hacia la tina: un esqueleto deforme y perfecto, cubierto de carne, de sangre, y de agua. En la tina está el arcángel Rafael, el arcángel Miguel, el arcángel Gabriel y está muerto: se rompió las venas y su piel y los vellos de las manos, sus muñecas. Gabriel Miguel Rafael llegó al baño lentamente y rápido se quitó la ropa, mientras con los ojos angustiados miraba al arcángel Gabriel, al Rafael arcángel Miguel muerto en la tina; tomó una navaja de quién sabe qué parte y después de rendirle culto a sus brazos, a sus muñecas, en un gesto dulce, tierno, y apresurado, cortó primero el aire, sus vellos, la piel, las venas y, con su cuerpo deformemente perfecto, se metió en la tina. Llegó lentamente al baño.

Tomado de Casi un cuento, La cábula, Oasis, 2007.

Se solicitan abrazos

Carmen Leticia Espriella (Sonora)


Caminaba lentamente como si la tierra bajo el mosaico del corredor hubiera desaparecido y cada pisada aumentara el riesgo de quebrar la estabilidad, dejándola caer al abismo.

Llegó hasta el armario y lo abrió con cuidado.

Frente a ella, cuidadosamente colgados, había una gran cantidad de cuerpos sin vida. Uno a uno los fue haciendo a un lado hasta que encontró el adecuado. Había sido una persona alta, con el cabello oscuro y ojos grandes. No batalló nada para ponérselo. Cuando terminó de cerrar el último botón a la altura del corazón, se recostó sobre la cama y respiró tranquila. El mundo parecía tan estable dentro de ese cuerpo que, aunque la tierra se abriera, ese abrazo no la dejaría caer al infierno.


Tomado de Luna de agua, altanoche, 2007.

El exilio del reino

Francisco Morales (Baja California)


 

hay un claro desdén en las horas vacías

                    
                                                     
cansadas

del amargo habitante:


es la tarde frontal de las demoliciones.

traducen la hosquedad de las casas


sus paredes polvorosas


el ralo panorama que les vino a tocar.

en las habitaciones


transpiran lasitud las cortinas:


no responden al blues que los recuerdos silban


ni a la conversación del grillo y el silencio.

junio


           
en la mitad del espejo


y octubre por siempre en la memoria.

No queda otro lugar para el derrumbe

 

Una no habla de esto

Sylvia Aguilar Seleny

Una deja que los años pasen entre encantos y desencantos,
entre una ciudad y otra, entre una ciudad y Una.

Una conoce a Otro.

Una se descubre en Otro.

Una se descubre Otra.

Una se enamora, se casa, se pierde en el nosotros…

Una habita en otra ciudad, una deshabita otra ciudad.

Una se pierde.

Una se olvida de Una.

Pero Una, no habla de esto.

Una, sin más, inicia un diario y escribe de esto.

¿Quién soy?


(y ¿por qué escribo un diario?)

Tomado de Una no habla de esto, Tierra Adentro, 2007.


Omayra Garcés (Chihuahua)

El mar también se cansa

renuncié

  
renuncié de andar pepenando migajas escupidas


silencios muertos en el caracol de tu voz


no hay nada


no existen susurros en mis oídos


quedaste así estuco en las lunas desérticas de mayo


aquí no pasa nada sólo es una sombra del sueño que se cicla


de donde mi felicidad se reprime


busco, busco como encontrarnos en donde quedó lo bizarro


nada, las cosas deben de tener nombre dicen.

Ando buscando anzuelos y no encuentro ninguno que llegue hasta mi boca.

Esto es algo de lo que leí:

 


El piromaniaco
Miriam García (Baja California)


Ayer hubo un incendio en mi casa, tuvieron que venir los bomberos a apagarlo. Al final, me dijeron que había sido obra de un experto. Deduje que fuiste tú: ¡quién más hábil para iniciar hogueras por puro gusto! El placer del fuego te persigue. Así lo deduje luego de escuchar alguna vez tus confesiones a medianoche. Supongo que estuviste cerca observando mientras se consumía lo mío. El gozo desaparece frente los cuerpos oxidados por las llamas: no hay disfrute en las cenizas. Cuando la luz roja se extinguió, ya planeabas el siguiente atentado sobre una casa nueva, abandonada o de poco uso. Puedo inclusive imaginar el sonido de tus pasos estrellándose contra el asfalto al marcharte, tu nariz olfateando entre las privadas. Comienzo a buscar lo rescatable entre los escombros, pero no hay bolsas de hule suficientes, ni tan grandes para lo perdido. Observo el desastre desde la puerta. Aprieto un encendedor en mi mano.


Ella se escurre. Cae de espaldas en el suelo. Toma sus ojos y los guarda en la bolsa del pantalón para que nadie le adivine, sin embargo descubrimos que el cabello se le cae por mechones, que algo la descabeza y la hace conducir sin dirección a media noche. También sabemos que no se estrellará en el automóvil contra una pared, ni se lanzará al abismo en ese puente que conduce hacia la playa. Todos acudimos a levantar las cenizas de su casa la noche que ardió en llamas. A lo lejos el piromaniaco escuchaba el sonidos de las palas que clavamos entre los escombros y el ruido de los fierros deformados que arrastramos en busca de sobrevivientes. Ella le vio observando a la distancia. 

Olvidé incluir algo que escuché (de nuevo) y forma parte de estas horas de junio.

Alta noite
la que canta es Marisa Monte
y que la letra es de Arnaldo Antunes

Alta noite já se ia
ninguém na estrada andava
No caminho que ninguém caminhava
alta noite já se ia
ninguém com os pés na água
Nenhuma pessoa sozinha ia
Nehuma pessoa vinha
Nem a manhãzinha
Nem a madrugada
Alta noite já se ia
ninguém na estrada andava
No caminho que ninguém caminha
alta noie já se ia
ninguém com os pés na água
nenhuma pessoa sozinha ia
Nenhuma pessoa vinha
Nem a estrela guia
Nem a estrela-d’alva


los links de todos están aquí a la derecha.

Posted by Miriam García at 22:20:26 | Permalink | Comments (5)

Wednesday, May 21, 2008

I do/acepto
por amarabierto

píquele aquí

o copie esta dirección
http://www.youtube.com/watch?v=HEzf-r9EobM

este trabajo fue realizado con la ayuda de mi carnala Gilda García, cómplice incondicional de -casi- todas mis locuras. fue mi respuesta a la invitación de Jenny Donovan para el youtube party que organizó hace unas semanas a Gaby Torres por su cumple #26. hubo otros videos pero no tengo las direcciones. pronto. las fotos fueron tomadas en la calle donde está mi nuevo hogar en tijuana. 

esto es lo que queda. esto es lo que pienso. fue divertido.

disfrute la función

 

Posted by Miriam García at 07:13:05 | Permalink | Comments (7)

Monday, March 3, 2008

“Gimme fiction!


Gimme fiction, take away part of this reality that (i’m sorry) sometimes really sucks. Gimme fiction, gimme worlds that i haven’t seen, words that i haven’t taste.

Gimme fiction without the weight of a world, without the thorns of the day. Gimme fiction, gimme characters, gimme plots where i decide who dies and who lives, who comes and who goes, where i decide what is what and when is when.

Gimme fiction just to get by.”


Sylvia Aguilar Zéleny, Una no habla de esto.
México: Fondo Editorial Tierra Adentro, 2007, p. 59.

*para los hilos indestructibles leáse la página 34

un alma cercana, blog de Sylvia 

Posted by Miriam García at 05:19:48 | Permalink | No Comments »

Tuesday, October 23, 2007

Por qué escribir poemas hoy

Jessica Díaz (Salinas, California, 1975)


La pregunta me gusta, me parece interesante. Sin embargo, no tengo una respuesta, escribir hoy poemas es absurdo, como es absurdo hacer cualquier cosa, ir a la playa, caminar, correr, hacer películas, hacer arte conceptual o no, decir “te quiero”, Estados Unidos es absurdo, la unión europea es absurda, la humanidad es absurda; entonces, escribir poemas es tan sólo ir con la corriente. Es aceptar la humanidad en su estado más puro.


Un poema es algo que sale así, del cuerpo, y toma forma, sale del cuerpo como salen muchas otras cosas, a veces sale una patada contra la puerta, a veces un te quiero, un grito, una lágrima, un chorro de pipi, a veces sale un cuento, una película, un deseo irresistible de matar a alguien, de besar a alguien, ganas locas de beber, un grito, a veces sale un bebe y a veces, un poema.


Texto publicado en:

Oráculo. Revista de poesía, año 6, núm. 24 (primavera 2007): 34.

 

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Sunday, October 21, 2007

Mayra Luna

Anoche la escuché por primera vez, fue en el Cecut durante la presentación del nuevo libro de Mario Bellatín, El Gran Vidrio. Sorpresas. Me encanta maravillarme. Dicen que nació en 1974, un año antes que yo. Fresca, brillante, sin antifaces, ni falsas ingenuidades. Hermosa.

Hoy me levanté, corrí, busqué y compré. Ahora leo.

Descubro y gozo los mundos posibles. Voy tras los mundos femeninos ocultos en las palabras. Comienzan a tener rostro las creadoras.

Agradecida y contenta.

  

Must read:


Mayra Luna. Lo peor de ambos mundos. Relatos anfibios
(Fondo Editorial Tierra Adentro/Centro Cultural Tijuana, 2006).

 

Must visit:

Filtro cerebral específico

http://mayraluna.blogspot.com 

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Monday, October 15, 2007

Apuntes para una declaración de fe

No me explico por qué

fue indispensable que alguien inventara el reloj

y desde entonces todo se atrasa o de adelanta,

la vida se fracciona en horas y en minutos

o se quiebra o se para.

  

Rosario Castellanos (fragmento).

  

Posted by Miriam García at 07:44:26 | Permalink | No Comments »

Tuesday, October 9, 2007

¿Hasta cuándo van a aprender a respetarnos?

  

Esta mañana ella salió rumbo al trabajo, iba de prisa para llegar a tiempo. En el taxi se dio cuenta de que había olvidado su cartera y le pidió al chofer que la dejara en la siguiente esquina. Era temprano, una calle poco transitada, el Centro. Caminaba rápido para volver a casa.

Él detuvo su auto junto a ella. Bajó corriendo de la camioneta. La tomó de frente con la fuerza de sus dos brazos de bestia gigante negra y la levantó. Abrió la puerta trasera y la lanzó dentro.

Sus piernas quedaron fuera, la puerta se estrelló en sus rodillas y eso sirvió para patearlo, para evitar que la puerta cerrada hiciera de ella un silencio. Su cuerpo femenino entrenado en recibir ataques masculinos le dio muchos golpes. Sus brazos no alcanzaron a cansarse.

El semáforo cambió de rojo a verde a rojo. Comenzaron a pitar los carros, a notar un auto detenido con la puerta abierta, las piernas de una mujer bailando en el aire y el cuerpo de un monstruo tendido sobre ella. Entonces furioso la jaló de los cabellos y de los brazos hasta azotarla en la banqueta. Se fue.

Un joven quiso ayudarla y ella sintió que todos, cualquiera, todos, cualquiera, podría ser el siguiente. Corrió. Llamó a casa.

Contesté.

  

 

Estoy emputada. A veces olvido lo esencial. Son mis hermanas.

¿Hasta cuándo van a aprender a respetarnos?

   

….

  

el diablo 

 

Anoche el diablo estaba en el clóset. Bufaba dentro de ese mueble. Su exhalación lo cimbraba todo con tal fuerza que de golpe abrió las puertas. Me veía. Me llamaba por mi nombre: M i r i a m. Yo me quedé acostada: inmóvil. Apenas respiraba: muda. Me envolvió un calor insoportable surgido directamente del infierno. Él era de un humo blanco emergiendo de la noche en donde mostraba imágenes de mujeres desnudas, colgadas por la espalda y sujetas de un gancho pendiente del techo. Estaban vivas. Gritaban. Su rostro era desfigurado. Su cuerpo un lamento. Me miraban. Él observaba. No hay peor tormento que saberlas sufrir de tal manera. Desperté bañadita en llanto. ¿Dónde están mis hermanas?

  

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Sunday, September 2, 2007

must visit 2

Posted by Miriam García at 10:26:08 | Permalink | No Comments »